Lanera Trelew se reconvierte para crecer

Pasemos a otro tema

A la salida de la pandemia, los trabajadores de Lanera Trelew encontraron que la actual gestión proponía una fuerte intervención del Estado para la reactivación económica. Se plantearon, entonces, que la expectativa ya no era solo sostenerse sino crecer.

Roly Villani

Como sucede con buena parte de las recuperadas, cuando arrancaron como cooperativa empezaron dando servicio a terceros, el conocido trabajo “a fasón”. Con eso se mantuvieron pero fueron perdiendo lo mejor que tenía la vieja empresa patronal en sus buenos tiempos: la clientela nacional e internacional. Les tocó arrancar con el proyecto cooperativo durante los duros tiempos del ajuste neoliberal, de modo que, con no hundirse o con retardar el hundimiento alcanzaba. Pero la etapa actual es otra cosa. “Estamos con un plan de mejora de la competitividad integral para recuperar la capacidad productiva de la planta”, dice orgulloso Marcelo Jodar, presidente de la cooperativa Lanera Trelew.

El vaciamiento tan conocido

A principios de 2015 se notificó la quiebra de Lanera Austral, una empresa que por más de 65 años se había dedicado al procesamiento y comercialización de lana en la ciudad chubutense de Trelew. “El declive empezó tres años antes, cuando llamaron a convocatoria de acreedores —recuerda ahora Jodar—. Abrieron el retiro voluntario y, de cien personas, quedamos los sesenta que estuvimos hasta el final”. La historia es un calco de casi todas las luchas de las recuperadas: los dueños intentan sacar las maquinarias a escondidas, los trabajadores lo advierten y toman la planta y tras ocho meses de ocupación a cara de perro, conformaron la cooperativa y empezaron a producir por su cuenta.

Pero, como también sucede tantas veces, la falta de respaldo financiero para sostener el circuito de procesamiento y el deterioro de las maquinarias por la falta de mantenimiento durante el declive patronal hizo difícil el arranque. “Empezamos a trabajar para terceros, los primeros años fueron duros porque el gobierno de Macri nos tiró abajo, casi que nos funde -—recuerda ahora Jodar—, pero pasamos el objetivo, pagamos las deudas de luz, de gas, a los proveedores”. La pérdida de autonomía y de capacidad de negociación que se deriva siempre del trabajo para terceros apenas les permitía cubrir los costos operativos y quedarse con algo para retirar. Y hay también detalles vinculados a esta industria especifica: el trabajo para terceros está asociado a la lana de baja calidad, que las demás empresas laneras de la zona habitualmente rechazan para procesar en sus plantas. El trabajo con estos productos somete a la línea de producción a un esfuerzo y desgaste mayor, pero los cooperativistas no podían, en aquél momento, elegir con quienes y en qué condiciones trabajar.

Así, medio a los ponchazos y tras languidecer con la pandemia, llegaron a la etapa actual. Lejos de los eufemismos como “sinceramiento” que encubrían un brutal proceso de concentración económica, los trabajadores de Lanera Trelew encontraron que la actual gestión diagnostica “no nos sobra ninguna empresa”. Se plantearon, así, que la expectativa ya no es sostenerse sino crecer. Junto al consultor Rubén Contreras, del programa provincial “Chubut Sustentable”, armaron un proyecto que no solo modifica y mejora sus procesos productivos sino que impacta en sus proveedores y sus clientes, es decir, un programa de fortalecimiento de la cadena productiva. Contreras lo explica así: “La integración con los productores, en particular con las organizaciones de pequeños productores y comunidades originarias, busca sumar al valor base de sus lotes de lana, un adicional que surge de compartir la utilidad generada en el proceso de agregado de valor”.

La recuperada se recupera

Para que esto arrancara, dice Jodar “necesitábamos un poco de empuje para las maquinas, nos faltaban repuestos y mantenimiento y la Provincia nos dio un subsidio de cuatro millones de pesos, con eso arrancamos a hacer los hilados, poner en condiciones las maquinas, importamos repuestos”.

Este proyecto tuvo su primera prueba en diciembre del año pasado. “La mano que nos dieron las cooperativas de productores fue que nos dieron la lana y tiempo para que les paguemos”, dice Jodar. Como el tiempo es dinero, los trabajadores de Lanera Trelew procesaron la lana y, tras venderla, pudieron mejorarles el precio.

“La integración con los productores busca sumar al valor base de sus lotes de lana, un adicional que surge de compartir la utilidad generada en el proceso de agregado de valor”.

Rubén Contreras

Los resultados confirmaron la viabilidad y conveniencia de este esquema que, como dice Contreras, “busca mejorar la distribución de beneficios generados en el desarrollo de la Cadena de Valor Integral bajo el concepto de Precio Justo”.

Pero el proyecto también impacta en al menos seis actores de la cadena de valor, vinculados a etapas industriales posteriores a la salida de la lana de la cooperativa. “Hay un grupo de confeccionistas que conocemos y con las que tenemos confianza en el desarrollo de productos, que nos van indicando las falencias que encuentran en el hilado y nosotros corregimos y con eso vamos creciendo las dos partes, nosotros en la industria, y a ellas les estamos permitiendo un producto que hoy no estaba en plaza”, se entusiasma Contreras.

Para redondear el despegue, se avanzó en un Proyecto de Ley que declara de Interés Público y Sujeto a Expropiación el predio de la planta industrial en la Cámara de Diputados de la Nación. Y además, están a punto de recibir un ANR del programa Redeco, del ministerio de Desarrollo Productivo, que permitirá actualizar maquinaria y capital de trabajo. Junto a ese ministerio se diseña también un fideicomiso para que los cooperativistas puedan comprar la quiebra de la ex Lanera Austral y sacarse de encima la amenaza y la extorsión permanente del sector privado.

Con la articulación de las distintas instancias estatales, las cooperativas industriales no solo mantienen el empleo y mejoran las condiciones de otros actores de la cadena, sino que pueden, en momentos en que el Estado necesita dólares, tomar un rol en la sustitución de importaciones, porque, como dice Contreras, “la mayoría de los fabricantes textiles estaba comprando hilados de afuera y nosotros estamos ahora proveyendo de hilado 100% de lana fina patagónica y también avanzamos sobre hilados mezcla con llama”.

“Mandamos muestras a Perú (..) y a Italia, las respuestas fueron muy satisfactorias; quedaron muy conformes con los hilados que hicimos con la cooperativa”.

Marcelo Jodar

El trabajo articulado entre cooperativistas y Estado desata virtudes que, en un primer momento, ni siquiera eran soñadas. Jodar cuenta que ya están explorando la exportación, lo cual terminaría de cerrar el impacto también sobre las cuentas públicas. “Mandamos muestras a Perú y las respuestas fueron muy satisfactorias; también mandamos muestras a Italia, hablamos con un comerciante que allá le vendía a Lanera Austral, que conoce los productos que hacemos, y también quedaron muy conformes con los hilados que hicimos con la cooperativa”. De resistir con el trabajo a fasón a exportar a Italia. Es otro cantar.

Dentro del proceso de revalorización de la cooperativa, también hay lugar para proyectos aun más ambiciosos: “Estamos por cerrar un acuerdo con el productor mas importante de fibra de guanaco de la Patagonia —dice Contreras—, que eso seria ya un producto Premium, algo que no existe. Seriamos los primeros en cerrar esa cadena”.

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