Crisis de consumo de carne: “El problema es privilegiar la exportación”

Con los precios locales pegados a los internacionales, los cortes de carne vacuna más consumidos se tornaron inalcanzables para buena parte de la población. La voz del sector cooperativo

Junio de 2022, CABA (Ansol). -El Índice de Precios al Consumidor (IPC) elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) marcó en abril una variación mensual del 6 por ciento, con un acumulado anual del 23,1% y un interanual (últimos doce meses) del 58%. Uno de los grandes impulsores de estos números es el ítem Alimentos y bebidas no alcohólicas, dentro de los cuales tiene un rol preponderante el precio de la carne vacuna.

Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), durante 2020 los principales cortes de carne que consumen los argentinos aumentaron en un 75%, promedio. Ese número está muy por encima del 36% de inflación general que hubo ese año según el Indec. En los primeros seis meses de 2021, la tendencia se mantuvo y el promedio de esos cortes de carne subió un 35%, contra un 25% de inflación general. Así las cosas, en un año y medio la carne aumentó un 136%, contra un 70% de inflación en el mismo período.

A partir de ahí, hubo unos meses de estancamiento en los precios, a partir de una medida adoptada por el gobierno nacional de limitar las exportaciones, con el fin de anclar el precio local. Sin embargo, al liberarse nuevamente las importaciones, los precios volvieron a dispararse.

Durante abril último, el subítem Carnes y derivados subió un 7,2%; en el acumulado de los primeros 4 meses, un 25,2% y a nivel interanual, un 64,8%. Todos valores por encima de la inflación general.

En el mismo sentido, el asado aumentó un 61% en los últimos doce meses; la picada común, 64,9%; el cuadril, 63,9%; y la nalga, 68,7%. Todos estos cortes, a excepción de la picada, superaron los $ 1.000 por kilo.

  • ASADO: +61%
  • PICADA COMÚN: +64,9%
  • CUADRIL: +63,9%
  • NALGA: +68,7%

Rentabilidad vs. Dignidad

Oscar “Vasco” Huidobro, dirigente de la Federación de Alimentación, Solidaridad y Autogestión de Cooperativas de Trabajo (Fasacot), dio a ANSOL su punto de vista: “El problema es que se privilegia la exportación por el tema de costos, de rentabilidad, de ganancia, del margen de riqueza que produce. Entonces, hacen que nuestro pueblo tenga que pagar de alguna manera esas ganancias y esa riqueza que ellos tienen o ellos generan”.

Para Huidobro, la salida es colectiva: “Estamos tratando de juntar a todos los productores como para poner una opción distinta que pueda llevar dignidad, precio justo y alimentos a las mesas que están vacías”

Con una larga historia en las luchas de frigoríficos cooperativos, Huidobro planteó la necesidad de un Estado presente, que sea eficiente en la aplicación de los recursos: “Para solucionar todas las dificultades lo que necesitamos también es apoyo del Estado, esto no se hace solo -dijo-. Las grandes industrias están subsidiadas y las recuperadas, no. Las familias productoras del campo, tampoco. Las familias originarias que están produciendo en el campo, tampoco. Las pequeñas cooperativas tamberas o pequeñas cooperativas agropecuarias, tampoco tienen grandes ayudas”

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Caída del consumo de carne, rebote en pollo y pescado

El dato surgido en los últimos días es alarmante. A partir de los datos que mostró el Censo 2022 sobre cantidad de habitantes, se recalculó el promedio de carne consumida per cápita: 46,5 kilos anuales.

En las últimas décadas, ese promedio se ubicó en torno a 50 kilos anuales, aunque siempre en baja. Este desplazamiento no suele darse por cambios de hábitos en la población, sino por imposibilidad de acceder a los productos.

En términos históricos, el consumo está por el piso. En los años 50, el promedio de consumo de carne vacuna se ubicaba en casi 100 kilos por año por habitante, según datos del Instituto de la Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA). Ese número fue cayendo de manera paulatina y llegó al siglo XXI en torno a 50 kilos anuales por persona. Ahora, cayó a 44,5 kilos.

La problemática que surge a partir de esta insostenible evolución de precios golpea también a otro tipos de carne, ya que el consumo se vuelca sobre el pollo o el pescado, lo cual hace disparar los precios de estos «productos de reemplazo».

Siempre según Indec, el kilo de pollo aumentó un 73,7% en los últimos doce meses, mientras que el filet de merluza subió un 78,7% en el mismo período. De hecho, en abril la suba del pollo fue del 12,1% (el doble que la inflación general) y la del filet de merluza, un 17,1% (casi el triple de la general). El kilo de merluza superó también la línea de los $ 1.000.

Huidobro lo pone en datos concretos: “La caída del consumo va de la mano de la suba de la exportación y, por ende, del precio”. En 2015, dice, se exportaban 199 mil toneladas de res sin hueso; mientras que en 2016, se exportaban 230 mil. “En esos dos años se perdieron 3 kilos de consumo; de 58 kg se pasó a 55 kg”. En el 2020 se exportaron 897 mil toneladas y se bajó el consumo a 50 kg».

«La caída del consumo va de la mano de la suba de la exportación y, por ende, del precio»

Oscar Huidobro

En el mismo sentido, amplió: «Por otro lado, entre el 2010 y el 2020 la carne de ave, de pollo, presentó un mayor crecimiento en la demanda histórica. También si hablamos de porcino, de 8 kg de cerdo por año, ahora se consumen 15 kg. No hay un problema cultural, es un problema de conveniencia en el precio».

«Nuestro pueblo no está eligiendo comer cerdo y alitas o pata muslo, acá la carne se va afuera a precio dólar y el precio que está acá es inalcanzable para el bolsillo de la gente, para que ellos puedan tener la rentabilidad que tienen«, concluyó.

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