AL CALOR DE LAS MASAS

(Presentación de la nota que salió en el número 1, El mercado son los padres)

*Por Sebastián Andrade

Los trabajadores de La Litoraleña se conformaron como coope­rativa después de pasar nueve meses sin cobrar y sufrir los despidos sin indemnización de 32 empleados. “No habían bajado las ventas, al contrario, siempre se vendió”.

Envuelto en la red de sus propias estafas, el dueño de la empresa empezó a abaratar cada vez màs los cos­tos, algo que le hizo perder la distribución en Jumbo y otras grandes cadenas. “Recuperada la empre­sa, el objetivo es mantener las fuentes de trabajo, mejorar las condiciones de vida de los que la integran y cuidar el impacto hacia la comunidad. Nosotros nos llevamos para nuestras casas lo que produci­mos. Por eso también necesi­tamos cuidar el producto. Algo que el patrón no hacía”.

Como un símbolo, el 1 de mayo la Cooperativa inauguró un punto de ventas en el barrio porteño de Boedo (Avenida Garay 3768) donde comercia­lizan quesos, fiambres, aceites, yerba, vino y galletitas, elabo­rados en el marco de la econo­mía solidaria. El local les permite, además, tener domicilio fiscal, máquina registradora y, funda­mentalmente, vínculo con los vecinos

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