EDITORIAL LOS SINDICATOS DESPUÉS DEL PATRÓN

El sindicalismo y el movimiento cooperativo nacieron juntos, en los tiempos de la primera Revolución Industrial, hace ya más de 200 años. La lucha por los derechos obreros en las insalubres fábricas de la época se combinó con el intento de establecer una forma de organización económica sin patrones y sin explotación. La historia posterior se encargó de separar a ambos movimientos, aunque los lazos que los conectan siguen vigentes, como lo muestra el surgimiento de las empresas recuperadas.

La realidad argentina muestra, en esta etapa de hegemonía neoliberal mundial, que la fragmentación, precarización y cada vez mayor explotación de la clase trabajadora necesita de la reconstrucción de esa vieja unidad entre la autogestión y el sindicalismo, entendidos ambos como organizaciones de los trabajadores y las trabajadoras. En nuestro país, es una acuciante necesidad cada vez que cierra una fábrica o cualquier tipo de empresa que no puede resistir las consecuencias de un feroz plan de reacomodamiento de la economía a costa del mercado interno, como lo es el que está implementando a toda velocidad el gobierno de Mauricio Macri. En esos casos, los sindicatos suelen quedarse sin respuesta, aunque tienen la capacidad de movilización y organización para encarar el paso siguiente si no se logra revertir el cierre. Ese paso es la recuperación de la empresa como cooperativa de trabajadores, y es allí donde la experiencia autogestionaria tiene mucho más que decir que la organización gremial. La historia demuestra que cuando ambas experiencias saben combinarse y apoyarse mutuamente, las probabilidades de éxito en la lucha son muchos mayores. Y, por el contrario, cuando los sindicatos no intervienen, ignoran o incluso reaccionan contra la posibilidad de la autogestión, se debilitan a sí mismos (aunque algún burócrata piense lo contrario) y perjudican a los trabajadores que deberían representar.

Hay casos en los que ambas experiencias, cooperativismo de trabajadores y sindicatos, se juntan y se fortalecen, tanto en la historia como en el presente. No sin complejidades, no sin problemas y desafíos, la unidad de sindicatos y trabajadores autogestionados es crucial para enfrentar los tiempos que corren.