Las reformas laboral tienen historia de resistencia

El investigador Pablo Peláez, del Programa Facultad Abierta, recupera la memoria de esas comisiones internas que, desde la gestión obrera se opusieron a modificaciones sustantivas e los derechos de los trabajadores. Un repaso desde los 70. 

Las CTA y la Corriente Federal de Trabajadores convocan a marchar este miércoles contra la reforma laboral. Con el apoyo de gobernadores, legisladores opositores, intendentes peronistas, cooperativistas, organizaciones sociales, políticas y estudiantiles, empresarios pymes, de fábricas recuperadas  y la Ctep, los sindicatos son la punta de lanza para resistir al paquete de cambios que lanzó Mauricio Macri. El triunviro de la CGT Juan Carlos Schmid se mostró satisfecho por haber logrado “extirpar el núcleo central que cambiaba la ley de contrato de trabajo”, y al igual que su colega Héctor Daer, remarcó: “No hay pérdida de derechos de los trabajadores”.

Pablo Peláez es historiador y estudia las dinámicas laborales por abajo, dentro de las empresas, en los 70 y 80 y contó a esta revista qué luchas se pueden entablar desde ahí y cómo se las encaró en los comienzos del neoliberalismo. “Todas las reformas que se vienen haciendo desde la dictadura para adelante, profundizado en los 90 y ahora también, tienen que ver con generar la posibilidad de avance del capital sobre el trabajo en los espacios laborales”, definió Peláez .

-¿Cómo intentó resistir el sindicalismo en los 70 las reformas en el ámbito de trabajo? ¿Aportó algo la autogestión?

-Desde la dictadura los cambios a nivel laboral se hicieron a sangre y fuego, con una primera etapa de represión muy grande orientada a las comisiones internas y cuerpos de delegados, o sea, una represión orientada a reconfigurar la organización de los trabajadores en los procesos de trabajo.

El avance en los 70 en ese control obrero, en la producción, tuvo una derrota brutal en la dictadura. Es una perspectiva que quedó muy apagada después, y en algún sentido que las recuperadas actuales, retoman, de manera defensiva, ese legado . Pero en el medio hubo una profunda derrota. El avance de la dictadura es disciplinador. La pelea es siempre la misma, con avances y retrocesos.

El segundo paso de la dictadura fue reconfigurar las legislaciones respecto a los espacios laborales. Se aprobaron varias leyes. Varias de ellas cayeron en desuso. Otras, como la Ley de Contratos de Trabajo que aprueba la dictadura, no.

Parte de la  normativa se dirigía a prohibir la actividad legal, como las asambleas, reuniones dentro de los espacios de trabajo, una ley que se denominaba de Seguridad Industrial, que prohibía cualquier tipo de acción directa como el trabajo a desgano.

Hoy eso se orienta al concepto de aumentar la productividad. Bajo el argumento del aumento de la productividad y competitividad, se precariza a los trabajadores para obtener más ganancias. Ahora lo que hay es una competencia con Brasil, que aprobó una reforma laboral tremenda. Argentina intenta ir de la mano. En el muy largo plazo, uno observa cómo en la Argentina se fue dando el retroceso de las organizaciones de los trabajadores en el lugar de trabajo desde la dictadura.

Ahora con el macrismo, hay una nueva vuelta de tuerca al respecto. Uno de sus fenómenos principales es la tercerización. Viendo sus orígenes desde la dictadura y cómo se desarrolló y creció hasta hoy en día, y visto desde el presente, desde la reforma, una de las cosas que parece que se impondrá, es acabar con el principio de solidaridad cuando una empresa terceriza. Si se aprueba el borrador de proyecto de ley que está circulando, se excluye la responsabilidad solidaria en la subcontratación. La empresa principal ya no tendría que cubrir a la que terceriza si atentan contra derechos del trabajador.

-Las empresas recuperadas dieron un nuevo aire con su forma de ejecutar el control obrero.

-Las recuperadas plantean, en otro contexto, que los trabajadores gestionen la producción, de una manera más brutal, ya que es sin patrón en la fábrica. Sigo considerando que hoy en día, estas experiencias son una forma de resistencia, pero que tienen poca articulación política-gremial entre los sectores de la autogestión y los sindicales más tradicionales. Esto podría ser un beneficio mutuo, para las primeras, una mejor posición al momento de negociar con el Estado. Y las recuperadas, a la vez, pueden aportar un montón sobre cómo los trabajadores pueden gestionar la economía, una perspectiva que el sindicalismo actual mayormente abandonó. Existía en los 70, pero ya no más. Sí se habla en el sindicato de Aceiteros, que tienen comités mixtos, de obreros y patrones, que discuten las condiciones de trabajo, de seguridad.

-¿Qué trazado ves en común entre la modificación de la ley de contrato del trabajo hecha por la dictadura y la propuesta de Cambiemos?

-Uno de los puntos que tocó la Ley de contratos de trabajo fue facilitar el despido, y ahora el macrismo vuelve a darle una vuelta de tuerca, porque según el borrador, se elimina de la base de cálculo de la indemnización todos los elementos del salario que no son el sueldo básico, aguinaldo, horas extras, premios. Además, otra vez hace un doble juego entre la apertura de importaciones y la posibilidad de flexibilizar hacia adentro. En sectores como el textil, ante la amenaza constante de la apertura, el empresario, despide y flexibiliza.

-El lunes Macri se refirió a la cantidad de sindicatos: “No puede ser que hay más de 3000 sindicatos y sólo 600 firman paritarias anualmente”. ¿Qué modificación trae implícita esa frase?

-En medios como La Nación, se llegó a decir que el sistema sindical argentino, basado en la negociación laboral por rama era obsoleto, que hay que eliminarlo y hacer negociaciones por empresa. Ese es un trazado histórico que creció muchísimo en los 90. Históricamente se ha intentado debilitar a las organizaciones de los trabajadores en Argentina planteando la posibilidad de descentralizar la negociación colectiva. En algunos momentos, eso dio como resultado la aparición de organizaciones gremiales muy combativas como los sindicatos de planta SITRAC y SITRAM, a principios de los ´70. Por otro lado, el aliento del capital a la aparición de sindicatos por empresa ha tenido como objetivo histórico estimular organizaciones gremiales amarillas, es decir, propatronales (como efectivamente lo fueron SITRAC y SITRAM en un primer momento), debilitando a las estructuras sindicales nacionales. Entonces, la descentralización de las negociaciones  no parece ser ni buena ni mala de por sí, sino de acuerdo a los procesos organizativos que se da la clase trabajadora en cada momento y principalmente desde sus espacios de trabajo. Veo muy importante resistir la flexibilización partiendo de la organización por lugar de trabajo.