“La existencia de una empresa recuperada es en sí una crítica al capitalismo”

*Por Roly Villani

En su carácter de participante de todos los Encuentros Internacionales, el profesor argentino canadiense Marcelo Vieta analiza el proceso que esta coordinación de experiencias viene llevando adelante desde su creación.

“Trabajé un mes en Chilavert, aunque estorbé más de lo que colaboré”, bromea Marcelo Vieta, quien pese a que se crió y reside en Canadá exhibe modismos indudablemente porteños. Es profesor asistente en la Universidad de Toronto y por su investigación de doctorado estuvo desde 2004 estudiando las distintas formas de autogestión en América y Europa. “Volví a Argentina para hacer este estudio –dice‒. En 2006 estuve en Buenos Aires, trabajando en el Programa Facultad Abierta, y después desde Canadá promocionando el Encuentro en los países del Norte”. Desde esa perspectiva de organizador desde los primeros eventos, su visión del Encuentro de Pigüé es muy enriquecedora.

–¿Qué podés contar de los debates de este último Encuentro y de la evolución que tuvieron desde el primero?

–Si hacemos un recorrido por los temas que se trataron en los distintos Encuentros podemos ver los cambios en el mundo y en el capitalismo desde el 2007. Los ejes muestran una evolución. En aquel momento se analizaba la crisis del capitalismo global, los movimientos populares, los desafíos de los gobiernos populares de América Latina, había un balance crítico del movimiento cooperativo y los desafíos del mundo sindical. Esos eran los ejes principales de esa época. Era un momento en que surgían los movimientos sociales, en el auge del kirchnerismo, había una esperanza en los gobiernos de izquierda. Unos encuentros atrás encontramos que lo que no aportábamos oficialmente era el aspecto de género. Eso fue cambiando el título. Me acuerdo que se dio un debate muy intenso con algunos machismos latinos que no querían cambiar el nombre. En los últimos encuentros la tónica fue cambiando: se trabajó la informatización y precarización del trabajo. A medida que fue cambiando el capitalismo, se modificó el enfoque del Encuentro, es una respuesta de abajo siempre tratando de buscar las problemáticas actuales.

La otra cosa interesante es que esta vez, se debatió de manera abierta, por así decir, algo que hace años se debate en las charlas informales: ¿por qué no llamamos a esto un movimiento de una vez? Hemos resistido llamarlo movimiento o Internacional de Autogestión –que es una cosa que se habló también– porque en general prevalece la idea de que estos encuentros son más bien una articulación de experiencias. Los participantes están produciendo una alternativa social, económica, productiva y cultural.  Siempre fue, desde el principio, un punto de encuentro entre movimientos sociales, trabajadores, sindicatos cooperativistas y académicos comprometidos políticamente. Eso es lo más importante que entendimos: esa inclusividad no paró nunca. No nos escondemos de la teoría, pero es una práctica con teoría, una praxis.

Y hacia adelante hay desafíos, por ejemplo hay muchísimas más organizaciones de Argentina, Uruguay o México que de Canadá y otros países. Acá está costando un poco articular, aunque hay mucha gente interesada. Lo que muestra el éxito de la convocatoria es que ahora tenemos los encuentros regionales, el Mediterráneo, Norteamérica, Centroamérica y estamos tratando de organizar el de Asia y África.

–¿Querés detenerte un poco en eso? Vos estuviste en la organización del encuentro de América del Norte.

–La verdad es que estuvo muy bueno. Tuvimos la presencia de los zapatistas, por primera vez. Hubo académicos que trabajan con movimientos sociales en EE UU, hubo mucha presencia de México por las experiencias de recuperadas de ese país. Lo que falta es hacer más trabajo en otros países del Caribe: en Costa Rica se encuentra un movimiento de economía social muy importante.  Por ejemplo, hay que acercar a Nicaragua, que tiene una experiencia muy interesante de cooperativismo y Revolución. Hemos tenido presencia de Cuba. Pero nos falta mucho de Centroamérica, EEUU y Canadá. El trabajo que estamos haciendo es ampliar la participación de sindicatos y movimientos sociales de estos dos países, hay muchas cosas que están pasando acá. La llegada de Trump y el nuevo movimiento de derecha ocultan un poco la importancia del antitrumpismo, hay unas cooperativas de trabajo de Cleveland, las empresas comunitarias de Jackson, Missisispi, empresas en Nueva York que son cooperativas de trabajadores de limpieza latinas. Estas compañeras están apoyando mucho a un trabajo más digno de la población y las mujeres migrantes latinas.

Tampoco nos podemos olvidar de New Era Windows and Doors, la recuperada de carpinteros y manufactureros de Chicago que usaron el modelo argentino para recuperar una fábrica de puertas y ventanas.

En Quebec tenemos un movimiento sindical muy importante y un movimiento de cooperativas de trabajo, todo tiene que estar en esta mesa. Queremos tenderle la mano. Hasta el momento tuvimos dificultades de traducción, por llamarlos de alguna manera. Para hablar en esta zona de las experiencias del sur hay que hacer un esfuerzo de traducción y localización de experiencias. Y estamos empezando un nuevo proyecto, similar al mapeo de recuperadas y cooperativas que hace Facultad Abierta.

-Precisamente, ¿qué es lo que sorprende de esta experiencia en Canadá?

–Lo que más se dice de la recuperación es que en Canadá no se puede. Está por salir un libro mío que va a ser el primero en inglés sobre las empresas recuperadas de Argentina y, cada vez que presento este libro, lo que me dicen es “muy lindo, pero acá no”. Y mi respuesta siempre es, la crisis importa e importan las políticas públicas. Si hay crisis y hay un ambiente favorable a la recuperación de empresas, va a haber recuperaciones.

–¿Podés desarrollar un poco eso?

–El capitalismo tiene la crisis diseñada implícitamente en su estructura. Es una estructura no sostenible. Puede ser innovadora su forma de mantener la economía, pero no sabe cómo dividir la riqueza de una manera equitativa. Es más, tampoco tiene interés en eso. Tiene una tendencia a la sobre acumulación que no es eficiente. Les gusta decir que es la manera más eficiente de producir, pero los hechos demuestran que no. Las aperturas a otro mundo suceden a través de la crisis. En la revolución rusa, había una crisis en el sistema del capitalismo temprano pero también en el sistema de poder que abrió una puerta a la revolución. En América Latina, los gobiernos de izquierda tuvieron una posibilidad con la crisis del neoliberalismo. Por supuesto que esa crisis no habría derivado en cambio si no hubiera habido una historia de lucha y movimientos dispuestos a llevar adelante ese cambio. A lo que me refiero es a que acá, en el Norte, no hubo esa crisis. En el 2008 estuvo esa posibilidad pero los gobiernos norteamericano y canadiense tomaron las riendas y salvaron al sistema hipotecario a un costo que hubiera servido para nacionalizarlo pero sólo se usó para salvar a la industria bancaria. En Estados Unidos, por ejemplo, el gobierno federal usó 700 mil millones de dólares de fondos públicos para salvar a General Motors, pero no tomó el control de esa compañía. Una razón es que las crisis la han bancado ustedes, Argentina, las economías del sur. Así es como el capitalismo se reorganizó con el sistema productivo a nivel global:  las ideas, la inversión y las ganancias son del norte, y el trabajo del sur.

Acá en Canadá no se habla de recuperación. Se habla de conversiones a cooperativas. Hay una crisis que no es económica, sino de sucesión. Hay 1,2 millones de pymes de las cuales 5000 son empresas familiares que no tienen un plan de sucesión. Es decir que cuando el dueño se jubile van a cerrar. Y muchas están en pueblos chicos, donde 20 trabajadores desocupados es muchísimo. Entonces desde el mundo académico junto con la federación nacional de cooperativismo de Quebec estamos haciendo lobby para que al gobierno federal canadiense adopte medidas que favorezcan el traspaso de esas empresas a los trabajadores. Y estamos tramitando fondos para hacer una buena evaluación de ese sector.

Hace un tiempo hicimos una investigación guiada por la pregunta de por qué surge la recuperación de empresas en algunos países y en otros no. Uno de los hallazgos fue que el ambiente de desarrollo es determinante: un ambiente de políticas públicas que posibilitan el surgimiento de cooperativas. Canadá tiene una economía social muy poderosa, pero no tiene desarrollo de recuperadas. Y en Italia –con una economía similar– hay recuperadas. Ellos tienen leyes normas, experiencias y prácticas de uso de la autogestión para generar trabajo. Entonces hay que hacer ese lobby. Es un proyecto conjunto de la Universidad de Toronto, la de Sherbrooke y el movimiento cooperativo canadiense. Mi interés personal es comparar las experiencias de Argentina, Uruguay y Brasil, que surgen a través de crisis del neoliberalismo, con Europa, que tiene normas diferentes. Y todo eso compararlo con la experiencia canadiense, con la intención de promover la autogestión como alternativa al cierre de estas 5000 pymes cuyos dueños que se van a jubilar y sólo el 10% tiene planes de sucesión.

–¿El problema es la sucesión? Acá en Argentina, el problema de las pymes es que las medianas y grandes le quieren comer el negocio.

–Si, por supuesto que pasa lo mismo. Acá, la experiencia es que WalMart entra con lo que se llama el BoxStore, abre un negocio en un pueblo de 20 mil habitantes, y le sacan los clientes a los negocios de la MainStreet (nombre genérico de la “calle principal” de un pueblo o ciudad pequeña). Acá no tienen calle San Martín, (risas) los negocios de la MainStreet  cierran porque no pueden competir con ellos y eso vacía los pueblos. Hay un movimiento sindical  y los partidos de izquierda  y la economía social están debatiendo esto. La propuesta nuestra va en ese sentido. Cuando hablamos de ambientes sociales y políticos en los que surgen las cooperativas, ese es el argumento que queremos sostener con la base de datos.

–Hablemos un poco sobre la dimensión más teórica que planteas en tu investigación.

–Yo empecé a trabajar el tema de autogestión con las recuperadas de Argentina, después en Italia y hace rato vengo trabajando sobre las experiencias de autogestión en la historia mundial. Cuando arranqué con esto, mi pregunta era: ¿qué se recupera cuando se recupera una fábrica?

Trabajé un mes en Chilavert. Bah, los compañeros me dejaron usar las máquinas. Estorbaba más de lo que ayudaba, pero también lo hice. Estuve con cuatro casos: Chilavert, la UST, Salud Junín y Comercio y Justicia, estas dos últimas de Córdoba. Son los cuatro casos más importantes que trabajé. Y la respuesta a la primera pregunta es que se recupera mucho más que el trabajo: la cultura, el control sobre la capacidad productiva de cada individuo, las costumbres obreras argentinas, pero también la apertura al centro comunitario o el bachillerato popular. Entonces me pregunté: ¿qué marco teórico me puede ayudar a comprender mejor esto? Y bueno, empecé desde el principio, empecé con Marx, con El capital (Tomo I), porque sigue siendo el análisis más completo del sistema de producción en el mundo capitalista. Y después empecé a ver otros textos marxistas y de otras tradiciones. Desde ahí se ve Harry Braverman, un marxista que escribió un libro sobre el proceso de trabajo en Marx en el que dice que El capital es un libro para demostrar la explotación y la alienación y que los trabajadores tienen que hacer algo para luchar contra eso. Sostiene que El capital I, que se lee como muy economicista, es un libro político. Es para demostrar cómo es que el trabajador es explotado. Cómo se separa del producto de trabajo. Si uno invierte el análisis de Marx, la conclusión es que hay que recuperar los puestos de trabajo y el control de las fábricas. Recuperar el poder del trabajo. Desde esa perspectiva empecé a ver mejor los procesos de recuperación.

La existencia de una empresa recuperada que era capitalista y ahora no lo es más, es en sí una crítica en si al procesode producción capitalista. Es una empresa en controlobrero que pone en relieve la explotación del empleo en la empresa previa. Y los trabajadores empiezan a entender la alienación que sufrían en la empresa anterior. Es más, eso es lo que los motivó a recuperar la empresa. Entonces hago un análisis de ese momento de recuperación. No se recupera un edificio o una empresa, sino que las prácticas con las que se reconstruye la empresa ponen en juego sus habilidades creativas, las de su fuerza de trabajo. Lo que se recupera es la fuerza de trabajo. Y tambiénse recuperan los excedentes. Los trabajadores deciden en estas empresasquese hace con el excedente y lo dividen con la comunidad o con otras empresas recuperadas o con planes de desarrollo de la comunidad local. Eso es la negación de la plusvalía capitalista. Las cosas que vendemos cuando aceptamos el contrato de trabajo en relación de dependencia. Los recuperados pueden decidir la división del trabajo.

También se recupera el sentido de dignidad del trabajador. Aquí uso el concepto de E. P. Thompson de “economía moral”.  En lasociedad capitalista hay un acuerdo entre los que están en el poder y los trabajadores. El pacto dice, implícitamente, “vos podés ser rico, pero asegúrame la vida, que pueda tomarme mis vacaciones, una vida digna. A cambio te regalo ocho horas de mi vida”. Es un contrato social que a veces se rompe. Como en Argentina en 2001, esa “economía moral” se rompe y se termina la legitimidad del sistema y los trabajadores toman su destino en sus manos. Thompson señala que en el S XVII y antes, cuando subía el precio del pan, la gente se rebelaba. Porque eso afecta el pacto social, no está escrito en ninguna Constitución, pero se entiende. El rey mantiene el precio del pan a un nivel y los campesinos trabajan para el señor. Cuandoese pacto se rompe, surge la reacción. Y esto nos ayude a explicar las empresas recuperadas y el movimiento piquetero del 2001. Cuando los trabajadores toman las fábricas, el pacto ya es diferente.

Y la última diferencia es que Argentina ya tiene una tradición obrera muy rica. Las ocupaciones de fábricas son una práctica que viene de los años ’50, las huelgas de frigoríficoLisandro de la Torre, el Cordobazo, el Viborazo, todo incluía las ocupaciones de fábrica. Pero también las comisiones internas, los cuerpos de delegados, las coordinadores interfabriles son todas prácticas incorporadas a la lucha sindical argentina y eso nos ayuda a entenderpor qué en Argentina sí y en otros países no. Uno no puede separar la historia de los movimientos sociales argentinos de la historias más amplia del país.

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