El 8M y las trabajadoras de la autogestión: desafíos y demandas del paro internacional

*Por Florencia Pacífico

Por segundo año consecutivo, en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora se realizó un paro con movilización y adhesión en más de 50 países. ¿Cómo se prepararon las mujeres en las cooperativas y unidades productivas autogestionadas?

Desde inicios de febrero, miles de mujeres se dieron cita los viernes en la Mutual Sentimiento, en el barrio de Chacarita, dando forma a los preparativos para el paro del 8 de Marzo. Hacer realidad la huelga supuso trabajar sobre la convocatoria, la seguridad durante la marcha y el acompañamiento de los sindicatos. En las cooperativas y unidades productivas autogestionadas el paro también ofreció oportunidades para discutir problemáticas comunes. Avanzar hacia la paridad en la representación, construir respuestas a situaciones de violencia e iniciativas para resolver los cuidados sin sobrecargar a las mujeres trabajadoras son algunas de las preocupaciones más recurrentes. En un contexto de tasa creciente de despidos y elevación del costo de vida, el paro fue también un repudio al modelo económico actual.

Vivas, libres y con trabajo

De las mujeres se suele decir que son las primeras en salir a la calle cuando hay crisis económica.  Una segunda afirmación completa y agudiza el panorama. Son ellas las más perjudicadas por las medidas neoliberales. Basta observar el correlato de las reformas previsionales aprobadas en el diciembre pasado y sus implicancias en la jubilación de amas de casa y la asignación universal por hijo, políticas con una inmensa mayoría de mujeres como titulares.

Jacqueline Flores forma parte de este sector de la población que salió a rebuscársela durante las crisis. Comenzó a ejercer el oficio de cartonera y tras muchos años de lucha lograron que sea reconocido como trabajo. Hoy es Secretaria Adjunta de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) en Capital y forma parte del Movimiento de Trabajadores Excluidos. Dice que desde su sector no van a permitir que otras pasen por aquello que ellas ya vivieron: “la realidad que hemos pasado nosotras ha sido devastadora, lo hemos podido soportar y tolerar por haber entendido estas palabras profundas que son ‘organización’ y ‘lucha’. Nosotras no estamos dispuestas a que alguien pierda trabajo en nuestra patria y considere tirar un carro para poder comer. Desde ahí nos plantamos”. Jacqueline no tiene dudas, la crisis afecta mayormente a las mujeres: “De cuatro trabajos que se pierden, tres son de mujeres”, ilustra. Dice que se prepararon para el paro con ansiedad, reconociéndose mutuamente entre compañeras y contagiándose de la certeza de sus derechos. Piden garantías en el acceso a viviendas, trabajo, salud, educación y que se respete lo acordado en relación al Salario Social Complementario.

“Cuando se desindustrializó el país, fueron las mujeres las que sostuvieron la economía y así es que surgen las mujeres de la economía popular, que salieron a organizarse con las ollas populares, con los trueques, a sobrevivir”, afirma Silvia Palmieri. También parte de la CTEP, ella es vendedora ambulante en el Tren San Martín, Secretaria General de la Unión de Vendedores Ambulantes de Trenes de la República Argentina y militante del Movimiento Evita. Magdalena Rocci, integrante de la Secretaría de la Mujer y la Diversidad de CTEP y del Movimiento Popular la Dignidad coincide en este diagnóstico y sostiene que en la economía popular las mujeres son mayoría. Reivindica la importancia de la Secretaría como espacio de reunión entre mujeres de las diferentes organizaciones que integran la CTEP con la generación de un bloque sindical feminista como horizonte. “No hay igualdad sin liberación de los pueblos”, dice sintetizando el espíritu del feminismo popular al cual buscan aportar. “Es un feminismo que tiene que tener en cuenta a las mujeres trabajadoras y de los sectores populares que somos las que diariamente hacemos girar las ruedas de este mundo. No solamente luchar por una igualdad en sentido abstracto, sino luchar porque las necesidades prácticas de nuestra vida se construyan desde el buen vivir.”
El paro del 8 de marzo fue sin duda una iniciativa de repudio al ajuste y las medidas neoliberales que tornan cada día más dificultosa la subsistencia cotidiana y tienen consecuencias específicas para las mujeres del sector. “Vivas, libres y con trabajo nos queremos” señala una de las consignas que busca poner sobre la mesa el impacto que las crisis económicas colocan sobre las espaldas de las mujeres. En las cooperativas de trabajo y empresas autogestionadas se sienten los efectos de estas medidas económicas y se sumaron motivos propios para marchar y parar el 8. Silvia Díaz, Vicepresidenta de la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajo Autogestionadas y síndica titular de la cooperativa La Cacerola hace su propio diagnóstico de la situación: “la ofensiva del neoliberalismo afecta más a los sectores más débiles como es el caso de las mujeres, que soportamos además de la opresión y explotación capitalista, una opresión patriarcal. Por eso pedimos iguales derechos para iguales trabajos”. Silvia advierte que las condiciones económicas actuales de las cooperativas son alarmantes. En muchos casos no pudieron aumentarse los retiros o tuvieron que hacerlo por debajo de la inflación. El aumento en las tarifas de los servicios públicos, la ausencia de facilidades crediticias y en algunos casos las amenazas de desalojo agravan su situación. “Nosotras como mujeres autogestionadas compartimos y sufrimos a diario esta multitud de temas que afectan la subsistencia misma de las cooperativas”.

Poner en valor todo el trabajo

Reivindicar el valor de la totalidad de los trabajos realizados por las mujeres fue otra de las consignas del 8 de marzo. Para las mujeres trabajadoras de la economía popular y la autogestión, conciliar los tiempos de trabajo en sus unidades productivas con aquellos necesarios para cuidar presenta desafíos.“Nosotras hacemos doble o triple trabajo diario que un hombre y el Estado no se hace cargo de esto”, dice Silvia Palmieri de CTEP expresando su preocupación por la desigual distribución de trabajos y la insuficiente intervención estatal. Silvia Díaz, desde FACTA, opina que si bien la jubilación de amas de casa representó una medida importante para paliar esta asimetría, todavía queda mucho por hacer en materia de políticas de cuidado. El 8M marcharon con esa demanda como motivación más importante. Su cooperativa le sirve de caso testigo para hacer un análisis al respecto. Le preocupa que en los últimos años la proporción de mujeres entre los asociados es cada vez menor.  La expresión de su rostro se torna grave cuando comenta esto y dice que si bien no tiene elementos concretos para saber si esta situación se repite en otras cooperativas, sí tiene una hipótesis acerca de los motivos de este decrecimiento. “Por más que la cooperativa le garantiza a la mujer autogestiva como mínimo los mismos derechos que les da la ley de contrato de trabajo a todas las mujeres, resulta insuficiente. Vivimos en una sociedad que no recompensa toda la inmensa tarea que las mujeres realizamos en cuanto al cuidado de los hijos, de los padres, hasta de los hermanos y de los maridos. Para que la igualdad no se convierta en un derecho formal, hay que aportar soluciones remplazando lo que el Estado no hace por estas mujeres. Si la mujer que viene se encuentra con que su esposo, si lo tiene, trabaja en lugares donde retacean reconocerle el tiempo cuando los hijos están enfermos, esto termina recayendo en la mujer y de alguna manera termina recayendo en la cooperativa.”

“Si nuestro trabajo no vale, produzcan sin nosotras”, clama otra de las consignas del 8 de marzo. Jacqueline Flores está convencida de la pertinencia de esa frase y de la importancia central que tiene para las mujeres de la economía popular. Se identifica como un sector de la población que generó su propio trabajo y, al reconocerse como trabajadoras, construyó también consciencia de clase. “Estamos dispuestas a discutir y a defender si es necesario el derecho de cualquier trabajador de nuestra patria. Paramos porque nos valorizamos como mujeres y trabajadoras. Somos nosotras las que podemos dar un puntapié importante para que en esta patria no se manipule y no se le falte más el respeto al trabajo. Vamos a sumarnos con una consigna clara: hay una sola clase trabajadora y las mujeres tenemos la fuerza necesaria para parar todo este flagelo de ajuste”, afirma convencida.

Desde la Secretaría de la Mujer y la Diversidad de CTEP, se vienen preguntando: “¿Cómo construimos espacios comunitarios de cuidado de pibes que nos permitan salir a laburar?”. Así lo reconstruye Magdalena Rocci y comenta que vienen generando espacios de cuidado desde las organizaciones. Una segunda problemática que buscan afrontar desde la Secretaría son las situaciones de violencia machista vividas por las mujeres. “Venimos trabajando el reclamo de viviendas para que en los planes federales haya un porcentaje de casas dedicadas a las mujeres en situación de violencia. Porque cuando queremos salir, nos encontramos sin recursos y muchas veces sin donde vivir”.

Las mujeres y los espacios de representación

Silvia Palmieri viene participando de movilizaciones desde temprana edad. Dice que si te parás a un costado durante una marcha, la cuenta sale sola. Tres cuartas partes de quienes participan de las protestas son mujeres. Sin embargo, advierte que esta proporción no se traduce en el acceso de mujeres a cargos de conducción. Ella fue elegida secretaria general de una organización gremial formada recientemente y con matrícula en trámite: aquella que representa a vendedores y vendedoras ambulantes de los ferrocarriles. Entiende que la conformación de un sindicato con un liderazgo femenino es poco frecuente y apela a que esta situación se dé vuelta. Silvia Díaz también ha ocupado cargos de conducción: fue presidenta de su cooperativa y es vicepresidenta de FACTA. Mirando más allá de esa situación, afirma que todavía queda mucho por hacer para lograr mayor participación femenina en espacios de representación. “En nuestra cooperativa y en nuestra federación tenemos la suerte de que hay mucho espacio para la mujer, pero somos perfectamente conscientes de que tomado el conjunto del movimiento cooperativo estamos lejos de poder garantizar plenamente condiciones para la participación, siendo que las generales son adversas”, sostiene.
Desde la Secretaría de Géneros del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos desarrollan iniciativas para transformar estas condiciones. “El ideario del cooperativismo y sus principios y valores se afirman en la no discriminación de ningún tipo, de participación libre y voluntaria, son escuelas de democracia donde se desarrollan las personas, pero no escapan a construcciones sociales hegemónicas”, dice su referente Marta Gaitán. Desde 2013 realizan acciones para dotar a la misión y visión institucional del Instituto de una perspectiva transversal de géneros. Un programa de autoformación a distancia lleva a la Secretaría a articular con una variedad de expresiones del movimiento cooperativista. Ellas tejen redes con organizaciones del sector, integran el Comité de Equidad de Género de la Confederación Argentina de Cooperativas, realizan convenios con el Consejo Nacional de las Mujeres y militan un Pacto por la no violencia, buscando declarar a estas entidades libres de violencias.


Autogestionar también el paro. Si el movimiento de mujeres y feminista viene pidiendo el acompañamiento de las centrales sindicales para dar fuerza al paro, la cuestión es más compleja en el caso de las unidades productivas autogestionadas y de la economía popular. “La Federación viene apoyando y lo hizo una vez más este 8 de marzo”, dice Silvia Díaz acerca de FACTA, al tiempo que comenta los desafíos que supone adherir a la huelga sin descuidar los ingresos de la cooperativa. “Hay un esfuerzo del resto de los compañeros para que las mujeres podamos disponer de ese tiempo para participar”, dice exponiendo las alternativas. Mujeres de la economía popular enfrentan complejidades semejantes: “a nosotras nos cuesta parar porque lo que trabajamos en el día es la plata que tenemos”, dice Rocci. Jacqueline Flores coincide y afirma que ellas no tienen un patrón a quien hacerle paro. Una vez más, construir acuerdos entre compañeros y compañeras fue la condición de posibilidad para la adhesión.

 

Florencia Pacífico es antropóloga (CONICET-UBA).  flor.pacifico@gmail.com

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