DOSSIER | Namibia: Distancia física, unidad social

Por: Shaun Whittaker, Harry Boesak y Mitchell Van Wyk Miembros del Marxist Group Namibia.

Traducción: Karina Luchetti

El grupo marxista de Namibia nos ofrece este análisis de la situación en su país, uno de los últimos en obtener la independencia en el África Austral en 1990, después de una dura lucha contra el régimen del apartheid de Sudáfrica, que ocupó el territorio del África Sudoccidental Alemana después de la primera guerra mundial. En este artículo, se analiza la situación provocada por la pandemia en Namibia, que acentúa una crisis económica y social que hunde a la clase trabajadora en la miseria y la desocupación.

El lema «distancia física, unidad social» proviene del estado de Kerala (India) en su campaña para contrarrestar la pandemia de la Covid-19. Ese gobierno de izquierda ha sido relativamente exitoso contra el coronavirus y su enfoque podría ser un modelo para el resto del mundo. Además de un sistema de salud pública eficiente, Kerala mantiene un sistema de distribución pública bien organizado de elementos esenciales para todas las familias, incluido un millón de comidas cocinadas. Entonces, ese Estado indio debería estar enseñándonos muchas lecciones críticas sobre la unidad social, es decir, que la solidaridad y la salud son fundamentales para la existencia de la humanidad.

Los brotes de enfermedades infecciosas como la Covid-19 continuarían emergiendo del modelo industrial de la agricultura, ya que este condujo a la industrialización (y globalización) de los patógenos. Como escribe el biólogo evolutivo Rob Wallace, «las grandes granjas producen una gran gripe», y el coronavirus es una «gran gripe» sobre la que ya advirtió hace años. En particular, la producción en masa de ganado en un modelo económico neoliberal desregulado permitió que los agronegocios globales pusieran en riesgo a toda la humanidad.

El gobierno de Namibia lanzó un paquete de estímulo de ocho mil millones de dólares namibios (445 millones de dólares estadounidenses) que intenta salvar al sistema capitalista en el país, mientras le dice a las pequeñas empresas que busquen ayuda en el sector financiero. Pero es precisamente la financiarización — y las medidas de austeridad concomitantes— de la economía (formal) lo que contribuyó a los drásticos recortes presupuestarios en el sector público y al colapso de los hospitales públicos, la escasez de medicamentos y equipos médicos básicos, la desnutrición, la falta de agua corriente y el saneamiento básico y las generalmente terribles condiciones de vida de la mayoría de los habitantes de Namibia que hacen imposible el distanciamiento físico. En todo caso, la pandemia expuso la crueldad de las medidas de austeridad implementadas por el gobierno de Namibia, a instancias del Banco Mundial y el FMI. Las enfermeras, los médicos y otros trabajadores de la salud han sido, en el pasado reciente, la última prioridad del neoliberalismo. Y los namibios ahora van a pagar un alto precio en esta emergencia de salud por un sistema de salud pública en ruinas, como lo ha visto el mundo en Italia, España y los Estados Unidos. Por lo tanto, debemos detener sin demora las medidas de austeridad en Namibia y construir un sistema de salud de calidad que pueda hacer realidad la atención médica universal. Esto debería incluir en un trabajo de mejora de todos los hospitales y clínicas de Namibia para que alcancen un nivel aceptable y hacerse cargo, en beneficio de todos, de los llamados hospitales privados. Sigamos los ejemplos progresistas de España, Irlanda y el estado de Nueva York. Claramente, las soluciones no se encuentran dentro de un marco capitalista neoliberal y debemos ahora ir más allá de estas en Namibia y en otros lugares. Ya es hora de gravar a los ricos en lugar de permitir un mayor deterioro del sistema de salud (y la economía).

El desempleo masivo en Namibia empeorará aún más a medida que el gobierno y el llamado sector privado utilicen la pandemia generada por el coronavirus como una oportunidad para los recortes masivos. De hecho, les proporciona una excusa maravillosa para una respuesta autocrática. Sin embargo, esta crisis sanitaria demostró que es el nivel supuestamente más bajo de trabajadores (quienes realizan tareas de limpieza, los recolectores de basura, los trabajadores de las tiendas de comestibles, las enfermeras, etc.) los que son esenciales para el mantenimiento de la sociedad de Namibia, aunque son los peor pagados y los menos apreciados. La pandemia confirmó que no necesitamos a los multimillonarios.

La destrucción del sector informal y de las pequeñas empresas dará lugar a una mayor monopolización de la economía, lo que es desastroso en particular en el sector alimentario, ya que los precios subirán aún más y cabe esperarse niveles elevados de hambre y enfermedades. Es por eso que la nación necesita cooperativas de alimentos y agricultura a pequeña escala, ya que no podemos depender de los grandes comercializadores al por menor de alimentos y los agronegocios en general. A largo plazo, el país debe avanzar hacia la autosuficiencia en todos los niveles (por ejemplo, en la producción para necesidades básicas como alimentos, industria manufacturera, talleres de reparación, etc.).

La nación también necesita de inmediato un subsidio de subsistencia que pueda mantener a todos y cada uno de los namibios. Y ciertamente no estamos hablando de los lamentables setecientos cincuenta dólares namibios por persona que el gobierno del país ha puesto a disposición como pago único, sino una subvención mensual que haría posible una vida adecuada para todos. ¿Puede la élite de Namibia vivir con los doscientos cincuenta dólares namibios (catorce dólares estadounidenses) por semana de este subsidio de ingreso de emergencia? Los trabajadores del platino de Sudáfrica/Azania sugirieron hace tiempo la cantidad de diecisiete mil quinientos dólares namibios (972 dólares estadounidenses) por mes como salario digno, pero Namibia es un país más caro. Incluso el socialdemócrata (conservador) Bernie Sanders recomendó dos mil dólares estadounidenses (alrededor de treinta y ocho mil dólares namibios) por mes en los EE. UU., y tal vez este debería ser el punto de partida para el debate sobre lo que debería ser una subvención de ingresos de subsistencia en todo el mundo. Después de la pandemia, estas cantidades no suenan excesivas si las personas van a poder cuidarse de manera saludable. Y esa subvención de ingresos de subsistencia podría financiarse fácilmente mediante un impuesto sobre el patrimonio o un impuesto específico sobre bienes de lujo que los ricos no puedan evadir.

La pandemia también reveló que el trabajo compartido es el camino a seguir. No solo sería la mejor solución para superar la tasa masiva de desempleo, sino que tiene sentido en el marco de una vida saludable. Las investigaciones indican que el cerebro humano funciona de manera óptima durante cuatro horas por día y, por lo tanto, proponemos que un día de trabajo de cuatro horas sea el camino a seguir. Así, debería ser aceptable que los adultos durmiesen ocho horas por día, se autocuidaran durante ocho horas, realizaran servicios comunitarios durante cuatro horas y trabajaran solo cuatro horas. Tal trabajo compartido significaría que los trabajadores verían reducidos los sueldos y salarios, pero esto obviamente se compensaría con un subsidio de subsistencia. Otras soluciones a la crisis del desempleo serían la expansión del sector de servicios sociales y la creación de empleos relacionados con la cuestión del clima. El sector de los servicios sociales es indispensable para contrarrestar todas las emergencias futuras, mientras que la crisis climática en curso también obligará a la humanidad a hacer muchos más confinamientos de emergencia.

Entonces, de hecho, reconfiguremos la sociedad namibia. La pandemia nos ha mostrado cómo podría ser una sociedad humana cuando las personas se liberan de la carga de la esclavitud salarial. Además de las necesidades de comida decente, cuidado personal saludable, mantenimiento del hogar y ocio, las maravillosas actividades culturales (por ejemplo, canciones, bailes, escenas humorísticas, etc.) que se presentaron durante el confinamiento mundial indican en qué dirección puede ir una formación social poscapitalista. Tal sociedad basada en la cultura —no en la búsqueda de lucro— provocaría un renacimiento cultural global para la humanidad. Ahora es el momento de construir la unidad social. Otro mundo es posible.

La cuarentena y sus consecuencias socioeconómicas en Namibia

Namibia se encuentra actualmente en la etapa dos del encierro, con solo dieciocho casos confirmados de coronavirus y, hasta el momento, ninguna muerte (*). Es probable que lo peor esté por llegar en los meses de invierno, pero por ahora esto significa que para fines de mayo el país habría estado bloqueado durante diez semanas, aunque la concesión de ingresos de emergencia del gobierno, establecido en doscientos cincuenta dólares namibios (catorce dólares estadounidenses) por semana, fue solo por las primeras tres. Sin duda, fue un subsidio completamente inadecuado para la población.

Además, durante la cuarentena, la policía y el ejército de Namibia tomaron medidas drásticas contra los comerciantes informales (especialmente los vendedores ambulantes), una actividad que ocupa al 50 % de los trabajadores en el país. Son principalmente mujeres «negras» pertenecientes al nivel más bajo de la sociedad que intentan ganarse la vida y proporcionan un acceso importante a alimentos baratos para la clase trabajadora. Esta actividad sigue siendo uno de los pocos trabajos disponibles para las mujeres «negras» sin educación, que de lo contrario deben trabajar de empleadas domésticas o realizar otros trabajos en condiciones similares a la esclavitud.

La ira de los vendedores ambulantes por las restricciones impuestas por la policía y el ejército crea una situación explosiva en el país y podría ser la chispa de un levantamiento generalizado contra la indiferente y codiciosa élite neocolonial. Este resentimiento casi se desvaneció con la distribución de muy pocos paquetes de alimentos en barrios marginales y áreas de clase trabajadora en general.

La élite política dejó de lado deliberadamente a otros partidos políticos en la distribución, pero al mismo tiempo fortaleció la percepción de un reparto injusto, ya que a los miembros del partido gobernante y sus familias se les dio prioridad con la comida. También expuso gravemente al régimen de la SWAPO (por las siglas en inglés de la Organización del Pueblo de África Sudoccidental, el partido gobernante) por no haber desarrollado ninguna red de distribución en el país después de treinta años de neocolonialismo. El hecho es que la élite política se ha dedicado principalmente a la construcción del Estado con el objetivo de enriquecerse y glorificarse a sí misma.

El conflicto alrededor de la asignación limitada del pequeño subsidio de ingresos de emergencia ha visto a hombres desempleados esperando frente al Ministerio de Finanzas y confrontando al vocero del gobierno sobre el hecho de que no reciben la asignación. La injusticia que se percibe en torno a la distribución del subsidio debido al estado desorganizado del sistema tributario configura otra situación volátil. Como resultado de la catastrófica tasa de desempleo, incluso esa pequeña subvención es muy buscada.

Al mismo tiempo, se permitió que los grandes supermercados permanecieran abiertos durante el confinamiento y rápidamente aumentaron significativamente los precios de los alimentos. Queda por ver si habría alguna consecuencia para estos minoristas, ya que las autoridades regulatorias de Namibia tienden a ser débiles y a “no tener dientes”. Como de costumbre, el Estado actúa en interés de los capitalistas.

En Namibia, el confinamiento ha destruido efectivamente el sector vulnerable de pequeñas empresas, lo que solo beneficiaría al sector financiero y a los capitalistas monopolistas en general. Se debe esperar una avalancha de quiebras y, por lo tanto, una hambruna y un desempleo aún peores.

Los flagrantes dobles estándares del Estado capitalista han sido expuestos por la pandemia. Esto fue evidenciado, por ejemplo, cuando se permitió a la gran cervecería del país vender cerveza con bajo contenido de alcohol al comienzo de la segunda etapa. Después de una gran protesta por la injusticia que esto conlleva para las pequeñas empresas, el gobierno se vio obligado a rescindir el permiso otorgado a la compañía cervecera, propiedad de una de las familias alemanas más ricas de Namibia.

Los generalmente sumisos trabajadores de Namibia —explotados sin piedad por un siglo de colonialismo y treinta años de neocolonialismo—, se han enojado e inquietado debido a las medidas abiertamente desequilibradas tomadas durante la pandemia, lo que constituye una señal de esperanza para las luchas masivas por venir.

El capitalismo no puede proteger a la humanidad contra las pandemias de salud o las grandes crisis en general. Se ha demostrado que el llamado sector privado es altamente ineficiente, ya que ni siquiera puede hacer máscaras faciales o realizar pruebas masivas rápidamente, y mucho menos producir respiradores o participar en investigaciones médicas avanzadas para el bien común.

Debido al saqueo y la corrupción generalizados, el Estado de Namibia ha estado al borde de la bancarrota durante los últimos años, pero la pandemia, sin duda, lo ha llevado a una crisis mortal. El ministro de Finanzas dio a entender lo mismo cuando dijo que la principal prioridad del gobierno es sobrevivir a la crisis de salud. La única opción abierta será un gobierno militar de un tipo especial, y los trabajadores namibios deben comenzar a prepararse para eso.

La pandemia ha puesto el último clavo en el ataúd del capitalismo neoliberal, pero la clase trabajadora tendrá que estar muy organizada y luchar duro por una sociedad poscapitalista, a menos que la humanidad en todo el mundo vuelva a estar cargada de barbarie, esto es, un orden fascista y un gobierno militar. Ya es hora de formar partidos de masas de trabajadores en todo el mundo, incluida Namibia, los que deben priorizar la acción de masas anticapitalista mientras se mantienen altos niveles de democracia interna. ¡Socialismo o barbarie!

Los autores son miembros del Grupo Marxista de Namibia.

(*) El artículo se terminó de escribir el 21 de mayo de 2020.

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