El desafío de la Ley de Góndolas

Por: Eduardo Amorín

Los principales supermercados deberán incorporar treinta por ciento de productos cooperativos y pyme a su oferta en góndola en un intento por desacelerar la espiral inflacionaria. La reglamentación de la Ley abre una nueva oportunidad para el sector autogestivo en clave de reactivación económica.

La tan esperada reglamentación de la Ley de Góndolas encuentra al sector de la Economía Social, Solidaria y Popular en un momento bisagra. Los supermercados con superficies mayores a los 800m2 deberán incorporar a su oferta productos del cooperativismo y la Economía Popular en hasta un cinco por ciento (5 %) y productos cooperativos – pyme en hasta un veinticinco por ciento (25 %) de participación en góndola. A su vez, deberán estar señalizados por segmento en cada góndola los productos de menor precio según su unidad de medida. Teniendo en cuenta que el INDEC indicó un casi 45 % de inflación interanual en su última medición, la desconcentración de la oferta en las principales cadenas de comercialización debería afectar a la composición de precios dentro de la cadena de valor, así como los aumentos en combustibles y servicios también volverán a impactar pronto en los precios finales al consumidor.

El sector autogestivo y asociativo vinculado a la producción de alimentos y productos de alta rotación recibe la medida con gran expectativa, pero sin el tiempo relativo y todas las herramientas necesarias para poder dar una verdadera respuesta que le signifique el crecimiento y desarrollo que la medida inherentemente implica.

Los organismos del Estado que interpelan a las experiencias productivas a través de la Ley de Góndolas, deberán rápidamente tomar medidas de intervención, que amplíen las posibilidades de participación y mejoren las condiciones productivas para que la medida genere resultados inmediatos.

Las problemáticas a abordar podríamos definirlas en tres segmentos: las de tipo financiero, las de tipo productivo y las de tipo comercial.

En primer lugar las cooperativas, al igual que la gran mayoría de las pymes de nuestro país, llevan en su mochila financiera las consecuencias de la recesión y devaluación múltiple de 2018 y 2019; sumadas al freno productivo que generó la pandemia mundial en 2020 con un efecto bola de nieve. Es necesario contar con herramientas financieras que se puedan ejecutar desde organizaciones propias del sector y que faciliten el desendeudamiento o el refinanciamiento a tasas subsidiadas por fuera de los márgenes existentes en las normas de Basilea que contienen al sistema financiero bancario. De igual manera, si bien la Ley de Góndolas contiene reglas claras de pago, será necesario en una segunda etapa contar con elementos de financiación que nos ayuden a comenzar la incorporación de nuevos productos a la oferta.

En segundo lugar, tenemos que tener muy claro cuáles son las intervenciones productivas de corto plazo que pueden impactar de inmediato en la cadena de valor para facilitar la incorporación de productos de alta rotación a la oferta de los supermercados que se rigen desde ahora por la nueva Ley. De esta manera, sabremos cuáles son los programas activos en el Estado que pueden abordar la problemática y de qué manera intervenirla. Así también podremos visibilizar un panorama de cuáles son las experiencias productivas transversales que pueden intervenir en un amplio segmento de la cadena de valor, pudiendo desconcentrar distintos grados del impacto en el precio. Entre estas nos referimos a experiencias productoras de envases, logística o un amplio espectro de productores de materias primas desreguladas durante el periodo macrista. Muchas son las necesidades, pero es preciso discernir entre lo urgente y lo necesario en una segunda etapa que se oriente a la reconversión productiva.

En tercer y último lugar, tanto las empresas pymes como las cooperativas tienen por delante el objetivo de lograr escala para abastecer una nueva demanda que devenga de la aplicación de la ley. En este sentido es preciso asumir que no hay nada que inventar.

Los actores cooperativos del siglo pasado encontraron en las cooperativas de cooperativas la respuesta de capital asociativo para escalar la producción y apuntalar la comercialización frente a los mercados conducidos por las principales empresas de capital.

Las empresas recuperadas tienen que articularse entre sí y de manera estratégica con el sector micro pyme, de características muy similares, así como también a cooperativas de trabajo que brindan servicios complementarios de abordaje comercial para poder dar respuesta en escala regional a la nueva demanda.

De este último paso, surge la idea de contar con marcas mal llamadas blancas, que sean propias del sector y puedan producirse con similares características en distintos establecimientos asociados en una misma figura cooperativa de segundo grado. Múltiples establecimientos intermedios, construyendo los mismos productos en distintas escalas. En estos procesos el marketing cumple un rol integrador, tanto hacia dentro como hacia afuera de la experiencia.

Y por último, no podemos olvidar la construcción de nuevos canales que acerquen los productos cooperativos de alta rotación a los comercios de cercanía con las mismas condiciones establecidas en el marco de la Ley de Góndolas. En este proceso alternativo de culminación de la cadena de valor, también la organización cooperativa de segundo grado y la organización federativa del cooperativismo de consumo cumplen roles estratégicos que pueden encausar los procesos hacia resultados significativos. La Central de Compras de la FACC (Federación Argentina de Cooperativas de Consumo Ltd.) es una prueba latente de que con planificación se pueden lograr resultados materiales articulando las voluntades.

Como sabemos los trabajadores autogestionados, lo que el capital organiza de arriba hacia abajo, a nosotros no nos queda otra respuesta que organizarlo de abajo hacia arriba; pero tomando el compromiso de llegar a lo más alto de nuestra capacidad organizativa. Haciendo del Estado un medio natural para cumplir los objetivos de crecimiento y garantizando el desarrollo. La Ley de Góndolas nos da la oportunidad de organizarnos con perspectivas de desarrollo, en un momento en el que es dificultoso visibilizar por nuestros propios medios la puerta de salida.

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