La mujer ladrillera en las fábricas y en la economía popular

Por: Fernando Berguier

En muchos hornos se sigue prohibiendo la entrada de las mujeres, con lo que se reproduce un mito que tiene antiguas raíces paternalistas y patriarcales pero que demanda una profunda revisión a raíz de la irrupción de las cooperativas ladrilleras.

La actividad de producción de ladrillos de barro en muchos casos implica que los trabajadores vivan solos o con sus familias en los terrenos de las fábricas. En otros casos la familia ladrillera vive en otro lugar pero en los procesos largos de trabajo acompañan al hombre que trabaja en ella y durante ese acompañamiento tanto las mujeres como les niñes “ayudan” al hombre. Por esto el sindicato Unión Obrera Ladrillera de la República Argentina – UOLRA planteó que no solo tiene que velar por el bienestar de los trabajadores sino también por el de la familia ladrillera.

Estamos hablando de trabajo infantil y de trabajo no registrado de las mujeres. En realidad es peor que “trabajo en negro”, porque si fuera así se les reconocería como un trabajo y se les pagaría por realizarlo. En estos casos se desconoce que la mujer esté trabajando porque sólo «ayuda» y por eso no se le paga; generando la infantilización del trabajo de la mujer. El secretario general de la UOLRA Luis Cáceres plantea que en el sindicato no se generó la comisión de género para subirse a la ola del movimiento de mujeres sino que había una necesidad de visibilizar el trabajo que hacen las compañeras. Pero, como veremos, esta no es una situación aislada.

El trabajo cambia

Entre los múltiples cuestionamientos que sufrió la definición de trabajo, está el lugar común de ¨si no es remunerado no es trabajo¨. Con este viejo concepto una misma actividad puede considerarse trabajo o no según si la persona que la realiza recibe remuneración o no la recibe. 

Haciendo un paralelismo con el mundo empresarial se podría asimilar el trabajo en la casa propia al que realiza un empresario/a, que por ejemplo atiende la caja de su negocio. A nadie se le ocurriría decir que esa persona no trabaja, pero podríamos plantear que quien le genera un ingreso es la inversión que realizó, o sea el negocio, y que sólo está haciendo el cuidado de esta. Como máximo se está generando un ahorro en la contratación de un empleado/a que realice las cobranzas.

Con el tiempo estos conceptos se abordaron también desde la economía ortodoxa, planteándolos desde el costo de oportunidad. Básicamente reconoce el trabajo de estas personas equiparándolo a lo que se tendría que pagar por adquirir el bien o el servicio. La frase “cambio la plata” refiere a que muchas veces no conviene que una mujer trabaje fuera de la casa porque el costo de pagarle a alguien que atienda a les niñes, por ejemplo, no dista mucho del ingreso que puede conseguir.

Lo que falla en ese razonamiento es que la mujer también cubre el costo necesario para que el hombre pueda desarrollar su actividad. Por lo tanto, como mínimo habría que hacer un prorrateo, pero también se debe tener en cuenta que la mujer trabajando en la casa pierde los aportes jubilatorios que sigue teniendo el hombre que trabaja afuera.

Otro ladrillo en la pared

Volvamos al caso del trabajador ladrillero. En las fábricas cobra muchas veces a destajo y para aumentar la producción recibe la «colaboración» de su pareja mujer y de sus hijes; o bien durante la quema se turnan para el cuidado del horno, por lo que ya estamos hablando de reconocer un trabajo invisibilizado. Su trabajo, el de la mujer, se traduce en mayor productividad por parte del hombre lo que conlleva a un mayor pago.

La mujer realiza un trabajo que se ve claramente materializado en mayor producción pero el que cobra es su pareja. ¿Hay mayor exponente de la economía machista que relegar a las mujeres a situación de dependencia del hombre incluso cuando realizan un trabajo remunerado? ¿Se puede pensar en un sindicato que sólo realice reclamos de aumento de sueldo en un contexto donde hay explotación infantil, maltrato y ninguneo hacia la mujer, que la coloca incluso en una posición de servidumbre, y una relación de dependencia que va más allá del ámbito laboral?

Esto se puede sostener solamente porque se creó la idea de que el trabajo de la mujer está prohibido en el sector ladrillero en relación de dependencia. En algunas fábricas prohíben la entrada de las familias.

Mito o prohibición legal

Para analizar esa prohibición hay que pensar en el momento histórico en el que se desarrolló. Actualmente parece algo imposible que un ministerio de Trabajo avale algo así, pero en décadas anteriores se lo veía como una protección a las mujeres. Más allá de que se encuentre o no esa norma específica, hay que dejar planteado que, como mínimo, estamos hablando de una imposición no formal porque en la vida cotidiana se aplica.

En el Convenio Colectivo de Trabajo de la actividad (CCT 92/1990), y en las posteriores enmiendas, no hay nada al respecto. Solamente en el CCT 331/01 de la Provincia de Tucumán aparece una restricción al trabajo de las mujeres. 

Allí se puede observar que “Queda prohibido que el EMPLEADOR de trabajo a mujeres y menores en la actividad ladrillera como cortadores.” Del análisis de las categorías se puede deducir que esta oración está colocada por referirse a una actividad físicamente desgastante del trabajo del cortador.

 

“La idea de que el trabajo de la mujer está prohibido en el sector ladrillero refuerza la idea de que ella “colabora” con el hombre”

 

Actualmente la sociedad ha cambiado y no es admisible sostener que se debe realizar ese “cuidado” aunque todavía hay actividades en que a las mujeres le resulta difícil insertarse. Incluso desde una mirada de aquella época el convenio permitía que las mujeres también se desempeñen como “Peón jornalizado¨, ¨Chofer¨ o ¨Maquinista¨. Aun cuando se estaría consolidando una división sexual del trabajo aplicar la norma escrita es un avance en comparación con la situación actual.

Por lo tanto la actividad que actualmente realizan muchas mujeres en forma clandestina, limpieza de la cancha de corte u oficial cargador y quemador entre otras, están habilitadas para realizarlas formalmente. Solo falta que sean registrado y se podrá ver que no pasa nada.

Pero en la Economía Popular esta prohibición se mantiene aun cuando no hay ninguna normativa que rija a la economía informal. No se puede trasladar una situación que rige para el empleo en relación de dependencia a la economía popular; no obstante en el sindicato se cuenta que muchas trabajadoras ladrilleras de la economía popular cuando ven alguien desconocido y sospechoso se esconden o niegan que estén trabajando. La prohibición de las mujeres en la actividad ladrillera se transformó en un mito para el resto de la actividad. Este es un desafío más para el sindicato: romper la creencia de una prohibición inexistente.

Las cooperativas tienen una lógica de trabajo diferente, incluso rompen con la alternativa que se utiliza en la economía popular para poder operar formalmente, de inscribir a una sola persona (generalmente al hombre) en los impuestos; generando una desigualdad más ya que exterioriza al hombre como el productor. En ellas, en las cooperativas, todas las personas asociadas tienen la misma categoría y responsabilidades fiscales; además ya no hay un productor que está por encima del resto sino que es la cooperativa quien fabrica a través del trabajo de sus asociades para luego vender. 

Dentro de las cooperativas de trabajo se empezó a hablar de la mujer como trabajadora ladrillera amparándose en los principios del cooperativismo, donde no puede haber categorías de asociades ni sumisión a una persona. Pasa a ser lo natural romper la prohibición del trabajo de la mujer que está en el imaginario colectivo. 

 

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