“En todos los aspectos de nuestra vida debemos ir fundando el nuevo Estado del Pueblo”

José Miguel Gómez, trabajador y fundador de la Comuna Pío Tamayo en Venezuela, considera a Chávez un maestro, un orientador. “Hay un pueblo conciente que demostró en las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente y las del pasado domingo que se apega al espíritu democrático y también de construir una economía propia, nuevos sistemas de distribución, de transformar su dinámica popular”. En esta nota detalla la relación de la autogestión con el Estado en su país. Para hacerlo, diferencia el Estado burgués y el comunal, que es flamante e incipiente, pero consistente y con capacidad hegemónica también.

 

En 2007, a partir de la ley de Consejos Comunales y luego la de Comunas, comenzaron a surgir las leyes del poder popular.

Lara se presenta como el Estado con más consejos comunales: son 3000, organizados en 300 comunas. “Hoy lo comunal es constitucional porque el artículo 5 le da facultades al pueblo de establecer una democracia participativa y protagónica donde las decisiones del pueblo tienen primacía con respecto a las elecciones burguesas. La gente pretende analizar el proceso venezolano comparándolo con el resto de las democracias latinoamericanas, pero son modelos cualitativamente distintos”, comienza Gómez.

El artículo 70 habla de la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas y de las empresas comunitarias.  “Es un hecho de la comunidad, filosóficamente superior a la sociedad burguesa”, opina Gómez. Las empresas, por su parte, tienen una ley que las regula. “Hay una resistencia al cambio de parte de quienes manejan los oligopolios. También de parte de los burócratas del Estado. Estemos donde estemos, vamos a dar esa batalla. Es importante que los gobiernos que han logrado un apoyo popular cristalicen lo que junto al pueblo han construido”, sigue.

-En el hecho, la elección burguesa sigue siendo importante, pero en el derecho tiene preponderancia la comunal. El pueblo de base debe comprender que, desde el punto de vista constitucional, las asambleas tienen carácter vinculante para el Estado.

-¿Cómo se formaron y funcionan esas empresas sociales?

-Venezuela tenía una dinámica cooperativista desde principios de la década del 80 con algunas iniciativas muy buenas que hasta hoy perduran, en las áreas de servicios, de distribución de alimentos y del campesinado. Su epicentro es Lara, de donde soy yo. Cecosesola (cerca de 80 organizaciones comunitarias, 700 trabajadores asociados, mil productores asociados y unidades de producción comunitaria se integran para atenderse y atender a 120 mil consumidores cada semana, además de distribuir alimentos, y contar con servicio funerario y médico) y Las Lajitas (producción de alimentos) son las fundamentales.

Con Chávez se empujó nuevamente la conformación de cooperativas. Después del golpe de Estado, en 2003, con la profundización de la participación del pueblo en el hecho económico. La cooperativa se colocó siempre como una alternativa para las personas, pero se hizo al fragor de la revolución. Y la Bolivariana fue una revolución con una dinámica política intensa. Vivimos marcados por el tema electoral. Frente al estado burocrático, paquidérmico, lento, corrupto, como es la naturaleza del Estado burgués, fundamos nuevas cosas económicas.

En lo político, toda esa estructura se presta para que surja o se reproduzca el clientelismo político a través de los partidos y que eso influya en las políticas públicas. La política cooperativa de Chávez fue un fracaso porque se conjugó con el clientelismo del Partido Socialista Unido de Venezuela, con la acción ineficiente de las instituciones, con la falta de acompañamientos, y con un pueblo con ansias de superación y de trabajo, pero con necesidades. El pueblo venezolano no es corrupto, pero no hubo acompañamiento integral (político, económico, académico, técnico). Se emuló el sistema capitalista, con relaciones de producción y comercialización capitalista. ¿Cómo tú fundas algo nuevo si lo metes en el mercado especulador y muere? Con las empresas de propiedad social nos dimos cuenta de que hacía falta fundar un sistema nuevo de relaciones, de producción, de planificación del consumo, de la comercialización y la distribución. Eso permitiría que la cotidianeidad del ciudadano cambie. Así se pasaría a una situación de hecho que se pueda institucionalizar en leyes. En Venezuela pasó lo contrario: primero se hicieron las leyes y después tratamos de establecer en el hecho lo que dicen las leyes. Y fue la deuda en el hecho económico lo que permitió la avanzada imperialista.

-¿A qué hacés referencia cuando hablás de cotidianeidad?

-Estamos acostumbrados a vivir en ciudades con opresión capitalista. Uno parte de la desconfianza, naturaleza del sistema. Esa cotidianeidad hay que cambiar: hay que establecer la confianza, la participación protagónica en el hecho económico a partir del conocimiento sobre este. El problema es que te exploten, pero se puede hace con conciencia o sin ella. La economía capitalista hace naturaleza esa explotación. Jamás el trabajador se da cuenta de que está siendo abusado. Todos podemos ser dueños, podemos trabajar de manera distinta. Chávez nos enseñó eso. Así se podría aterrizarlo en la economía.

En la Comuna José Pío Tamayo existe la empresa de propiedad directa comunal Proletarios Uníos, exBrahma. Esa experiencia me enseñó que es fundamental que el pueblo pueda participar de manera democrática en el hecho económico. Si bien el gobierno revolucionario lo hizo en lo político, la deuda está en lo económico. Gracias a eso pudo el imperialismo avanzar sobre nuestro continente y hoy amenazar con una amenaza. El capitalismo establece una dictadura en lo económico porque las corporaciones deciden qué hacer con la materia prima, con la producción y la mercancía. Cuando tú observas esa dinámica te das cuenta de que hace falta esa democratización.

En la Comuna José Pío Tamayo logramos que sea una cotidianeidad sentar a los campesinos, obreros, al as organizaciones sociales, consumidores organizados, para hablar de quién y cómo produce, cómo se distribuye. Pudimos establecer en la conversación los márgenes de ganancia, los costos. Logramos verlo cuando nos dimos cuenta de que hacía falta una unidad del pueblo también en este sentido. El papel de los revolucionarios es orientar a esos oprimidos para tener más comprensión de la realidad y así afrontar de manera más inteligente los problemas que se nos presentan en la sociedad. Eso es producto de una crisis civilizatoria.

Con eso lográbamos vernos las caras con los productores desde su propia realidad. Nosotros hacíamos el alimento balanceado comprándole maíz al Estado-gobierno y a los campesinos. Al Estado-gobierno nunca logramos sentarlo porque es difícil aterrizarlo. En cambio, sentando a los campesinos logramos discutir los costos de producción del maíz, así como del chancho, de la gallina ponedora, de la leche. El consumidor pudo debatir qué precio está en la calle, cómo ordenar la política de gobierno comunal para institucionalizar una nueva forma de consumo. En todos los aspectos de nuestra vida debemos ir fundando el nuevo Estado del Pueblo. Si no lo vemos así, resistimos al sistema capitalista, pero no fundamos lo nuevo.

-¿Cómo se reorganiza el consumo en las experiencias comunales?

-Nosotros tenemos los comité de abastecimiento y producción. Esas organizaciones nacieron en el fervor del pueblo, pero el gobierno de Maduro las institucionalizó como figuras del Estado burgués. Cuando comenzamos a distribuir casa por casa nuestros alimentos, veíamos que no teníamos el control sobre la distribución de los alimentos.

Comenzamos a distribuir frutas y verduras casa por casa. Para comenzar a hacerlo, dos compañeros fuimos delegados para ir en el transporte público a una siembra de tomate, cosechar, trazar una relación política por la que consensuamos que los productos no fueran al mercado especulativo, sino al sistema planificado del consumo del pueblo.

-¿Quién planifica? ¿La comuna?

-El pueblo organizado, que funda su dinámica, que debe convertirse en una institución popular. En Venezuela son los comité locales de abastecimiento y producción. Los vecinos de un sitio saben que hay una necesidad de consumo y que hace falta un nuevo sistema, distinto. En una cuadra se evalúan las necesidades. Hay planificaciones tan buenas que lograron identificar las necesidades kilocalóricas. Algunas establecieron un software para saber en qué momento del consumo se estaban satisfaciendo las necesidades. Es sofisticado, pero el pueblo es capaz de hacerlo.

Nosotros traíamos precios a partir de los costos de producción, para que no fuera el mercado quien ponía el precio. Así se llega a uno más justo, que les conviene más a ambos. Claro que ahí se choca con mafias intermediarias. En San Felipe logramos comercializar tomates. Fuimos a la zona, nos reunimos. Hicimos la asamblea en Barquisimeto, acordamos el precio al que podíamos comprarlo. Buscamos un camión de un trabajador de la comunidad que nos hizo el flete gratis hasta que pudiéramos pagárselo, una vez que vendiéramos. Cosechamos los tomates, los montamos, los llevamos para la comunidad. Ya con la ganancia y con el costo, fuimos de nuevo. Hoy tenemos un sistema de distribución que opera para cinco comunas más. Distribuimos alimentos a territorios de 500 mil habitantes.

El gobierno no lo vio hasta que bajó el precio del petróleo en 2014. Entonces se dio cuena de que no había plata para comprar comida del exterior. Había que buscar formas alternativas de distribución. Bajo la dinámica del gobierno y del partido institucionalizó estos comités. Cuando lo hizo, nosotros llevábamos dos años de trabajo. Habíamos creado los manzaneros: organizaciones del pueblo en las comunidades, por cada cuadra. El vocero elegido levantaba la necesidad de consumo de alimento en ese sector. Casi siempre eran voceros de las comunas, del gobierno territorial. Una vez levantada la necesidad, se debatía qué traer, a dónde ir a buscarlo. Empezamos trayendo del campo porque en Venezuela, recién a partir de 2015 el pueblo pudo tener licencia para transportar mercancías. Las licencias estaban en manos de instituciones corruptas.

Como todo eso va amarrado al tema de las importaciones, eso está en manos de grandes mafias. Hoy menos que hace un tiempo. Por presión del pueblo, el gobierno entregó licencias a los consejos comunales. Ha sido una gran batalla.

Antes de eso era imposible que el pueblo pudiera trasladar víveres para venderlos en comunidades. Podría agarrarte la guardia nacional o el Ejército y condenarte por contrabando. Cuando se crearon las empresas comunales por las que se montaron empaquetadoras de arroz, de azúcar, hubo compañeras comuneras detenidas porque distribuían lo que ellas mismas empateaban.

Estas son las críticas que le hacemos al gobierno de Maduro y son los avances que debe dar la Asamblea Nacional Constituyente. Es difícil trascender el Estado burgués, pero se pueden hacer cosas.

-¿Cómo aporta la autogestión para trascender el modelo petrolero?

-Es como si Argentina quisiera dejar el modelo agroexportador. No es fácil. Fue la dinámica del Consenso de Washington quien decidió qué le tocaba hacer a Venezuela. No es fácil pararse ante Estados Unidos, que hoy se pasea por su patio trasero amenazándonos. ¿Desde cuándo no sucedía eso? Desde el No al ALCA. Así es el movimiento político. Hay que trabajar en eso. El empresariado que se junta con el gobierno se pinta como comprometido, frente a un empresariado al margen de la ley, que sabotea la economía. Al final, estos dos sectores son una sola burguesía. Es un conflicto dentro de la burguesía, por los dólares. Una se junta con el gobierno, otra con Washington. Ninguna usa sus dólares para invertir en Venezuela. Tienen una infraestructura montada para transformar materia prima, pero su principal estructura es para importar, como parte del modelo petrolero. Eso es necesario decirlo. Todas las herramientas que usa la burguesía para hacerse con el poder en Venezuela tiene que ver con una política efectiva y eficiente: hacerse de la gran renta que rescató el Comandante Chávez y antes se llevaban los gringos. Esa renta fue robada por empresas de maletín, empresas falsas a las que el gobierno les dio dólares a través de licitaciones. No importaron nada y se llevaron los dólares. Hay una lista inmensa de empresas que desfalcaron cerca de 500 mil millones de dólares. Si ese desfalco no se hubiera dado, no estaríamos en esta situación económica.