Tejiendo en Pigüé: autogestión y economía feminista

*Por Flora Partenio (activista feminista de la Red DAWN, docente de la UNAJ y de la Cátedra Libre Virginia Bolten)y Lía Norverto (docente-investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, Facultad de Ciencias Humanas, UNLPam).

Entre los ejes de debate del Encuentro, se organizó “La Economía de los/as trabajadoras/es desde una perspectiva de género(s)”, con alta participación de cooperativistas, migrantes, estudiantes, sindicalistas, docentes, activistas LGBT y feministas. Aquí se reconstruyen los debates de esas intensas jornadas en el marco de una genealogía de la agenda de las trabajadoras autogestionadas en estos Encuentros de articulación global y regional.

Uno de los grandes desafíos que dejó esteVI Encuentro Internacionalfue el deavanzar hacia un “movimiento” que pueda articular las diversas experiencias. En este sentido es quese organizó en el seno del Encuentro el proyecto alternativo“LaEconomía de los/as trabajadoras/es desde una perspectiva de género(s)”, con alta participación de cooperativistas, migrantes, estudiantes, sindicalistas, docentes, activistas LGBT y feministas.

Para dar forma a esta agenda, las trabajadoras autogestionadasy de la economía popular fueron dando pasos propios en cada uno de estos Encuentros Internacionales. Por un lado, podemos mencionar acciones de carácter afirmativo que tuvieron que ver con estrategias comunicacionales, cupos en los paneles, etc. Entre ellas, lasacciones comunicacionales que llevaron a modificar la misma denominación del Encuentro, y sus acciones comunicacionales comenzaron a incorporar el lenguaje inclusivo y la mención a “las trabajadoras” en sus convocatorias.

Por otro lado, las intervenciones de las trabajadoras apuntaron al corazón de la discusión de los ejes temáticos, la transversalidad de género y contenidos que modelaban cada Encuentro. Entre ellas, es posible rastrear algunos hitos. El primero se remonta al Encuentro del 2009 en la UBA, en el debate suscitado durante el panel “Trabajo informal, precario y servil: ¿exclusión social o reformulación de las formas del trabajo en el capitalismo global?”. En ese entonces, piqueteras y travestis delas cooperativas textiles evidenciaban con sus voces la necesidad de reconocer la diversidad de experiencias y protagonistas dentro de la autogestión, como las mujeres y las sexualidades disidentes. Fue memorable escuchar en ese panel a la querida Lohana Berkins compartiendo los inicios de la cooperativa de travestis “Nadia Echazú”. El segundo hito se remonta al V Encuentro Internacional en Venezuela en 2015, donde las trabajadoras autogestionadas manifestaron en los distintos talleres y paneles la necesidad de incorporar las “cuestiones de género” en próximos encuentros.

Este camino se retomó en el 2016 en el Encuentro Sudamericano de la Economía de los trabajadores/as de Uruguay, donde se organizaron no sólo las jornadas preparatorias enfocadas en la economía del cuidado, sino también un taller de “Producción y reproducción para la vida”. Este fue el primer taller que se organizó en un Encuentro Internacional incorporando las propuestas de organización social del cuidado dentro de las experiencias autogestionadas, con el aporte de redes y cooperativas de diferentes países. Aunque el taller tuvo una participación mayoritariamente de mujeres, las propuestas y conclusiones permitieron trazar una agenda feminista de trabajo e interpelar a los varones cooperativistas.

Hacia la sostenibilidad de las luchas

Desde el eje “La economía de los/as trabajadoras/es desde una perspectiva de género(s)”se organizaron comisiones con presentación de ponencias, un panel y talleresdurante el VI Encuentro Internacional. Allí compartieron sus experiencias trabajadoras autogestionadas, activistas y docentes de Uruguay, México, España, Francia, Chile, Italia, Perú, Brasil, Kurdistán, China, Bolivia y Argentina. Durante la jornada de trabajo se contó con las exposiciones disparadoras de compañeras que fueron invitadas especialmente para animar el debate. Entre ellas se encontraban: Josefina Marcelo del Espacio de Economía Feminista de la Sociedad de Economía Crítica, Silvia Palmieri de la Agrupación Vendedores Unidos del Tren San Martín de la CTEP y de “Mujeres de Fierro”, Adriana Andrade del Centro de Formación y Documentación en Procesos Autogestionarios del Uruguay, Lucero Jiménez de la UNAM de México, Natalia Pérez Barreda del partido político Ciudad Futura de Rosario y María Luiza Acevedo Barbosa del Equipo Cooperação e Apoio a Projetos de Inspiração Alternativa (CAPINA) de Brasil.

Estos espacios no sólo contaron con la articulación conjunta de diversas organizaciones, sino que se transformaron en fuentes de solidaridad global con las trabajadoras, como el pronunciamiento por la lucha de las despachadoras de gasolina de COAPA, México.

En este marco, se organizó el Taller “Desafíos y estrategias de las trabajadoras autogestionadas”, destinado a cooperativas vinculadas al sector, compañeros/as de la economía popular, sindicatos, docentese investigadores que trabajan la temática. Desde la práctica de las trabajadoras, se buscó reflexionar acerca de los conflictos en torno a la división sexual del trabajo que se viven cotidianamente en los distintos ámbitos de trabajo asociativo autogestionado. Se debatió sobre el lugar que ocupan las mujeres en los espacios colectivos de trabajo y en los ámbitos de decisión política, contemplando también la sobrecarga global de tareas que asumen en los hogares, barrios y espacios comunitarios.

En pequeños talleres de intercambio se reflexionó sobre cómo juegan estas formas de segregación, brechas y asimetrías en la economía de los y las trabajadoras, qué desafíos hay por delante y qué estrategias se construyen colectivamente. Entre las problemáticas que se intercambiaron, se habló sobre la necesidad de democratizar los espacios de conducción de las organizaciones, sin reproducir “modelos machistas” y patriarcales en los liderazgos, y generando mayores condiciones de paridad en la participación de las mujeres. En este punto se hizo referencia a la necesidad de “crear nuevas formas de hacer política”.

En los debates se trabajó alrededor de la pregunta: ¿qué puntos en común tienen la autogestión y el feminismo? En esta clave se planteó la necesidad de repensar las categorías analíticas de la economía que solo analizan la producción y se olvidan de las condiciones de reproducción. Aquí se plantearon una serie de interrogantes en torno a cómo se asumen las responsabilidades de cuidado -en sentido amplio- desde los espacios autogestionados, empresas recuperadas y cooperativas.

También se delinearon propuestas hacia el interior del Comité de Organización de los Encuentros y hacia las organizaciones convocantes. Entre las propuestas concretas, surgió el reclamo al movimiento de trabajadores autogestionados de articular demandas de políticas públicas que contemplen las necesidades de las mujeres (por ejemplo, oferta de servicios de cuidados); elaborar entre trabajadores los cambios en las normativas de cooperativas y federaciones para transformar las relaciones desiguales de género; incorporar la temática de seguridad social desde un perspectiva de género y que contemple a trabajadores/as (registrados, informales, con discapacidad); crear espacios de cuidados de niños y niñas en los próximos Encuentros Internacionales; articular las luchas de las migrantes con la economía de los y las trabadores; implementar formas democráticas del uso de la palabra en los plenarios y asambleas de las organizaciones y cooperativas. Estas propuestas abrieron una agenda para futuras articulaciones y trabajo conjunto entre trabajadoras, equipos universitarios, mujeres referentes sindicales, organizaciones de migrantes y de la economía popular.

En un contexto de retroceso de derechos sociolaborales y avance de los gobiernos neoconservadores, se abren una serie de desafíos para la propia organización del campo de la economía cooperativa y autogestionada. Entre ellos, la reafirmación de políticas neoliberales y extractivistas que reducen el margen del trabajo autogestionado; la desarticulación y cierre de programas y políticas públicas de apoyo a las prácticas de autogestión; el avance de la militarización y guerras en territorios donde la reorganización de la economía está de en manos de las mujeres. Este es el caso del Movimiento de Liberación de Mujeres Kurdas, que está creando alternativas económicas desde sus comunas y desde la experiencia del “Pueblo de las Mujeres” la despatriarcalización de las propias organizaciones de la economía social y cooperativa. En este sentido, el fortalecimiento de las organizaciones del campo autogestionado es un punto central frente a este escenario de retroceso de derechos. El desafío de articular una agenda de la economía feminista con las prácticas autogestionadas permitirá repensar las alternativas a un modelo de acumulación que ha mostrado serios límites.

Encontramos aquí lazos cada vez más fuertes al pensar desdela perspectiva que nos propone la economista feminista Cristina Carrasco cuando plantea situar la importancia de lasostenibilidad de la vida. Como mostraron los intercambios en el taller de trabajadoras, resulta vital pensaren las condiciones que hacen posible la sostenibilidad de las luchas. De este modo, la reflexión sobre la praxis excede el espacio cooperativo y el ámbito de la fábrica porque involucra una serie de trabajos no remunerados, no reconocidos, no distribuidos que sostienen la vida. Estos trabajos son asumidos cotidiana y mayoritariamente por las trabajadoras. En este sentido, el planteo por la sostenibilidad de la vida podría trasladarse a otros espacios organizativos, tales como sindicatos, organizaciones territoriales y ambientales, donde se puedan visibilizar todos aquellos trabajos de cuidado que permiten sostener la vida cotidiana, el trabajo “productivo” y el activismo político.

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